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viernes, 24 de enero de 2014

Una de esas famosas canciones...

He soñado con botellas de vino
en las que florecían pétalos
como hojas vírgenes.
Delicioso.
Haciendo vueltas del sueño
al despertar, y
en la vigilia
jugaba parqués con mi existencia.
Todo era para mí en un tiempo,
o leía y pasaba o pasaba y lo leía.
Una vez encontré una página
con nombre y dirección exacta
de un amor.
Y no tuve que buscarla,
cuando acabé el cuento
ella me estaba mirando
leyendo también,
era yo parte
de su libro de ella.
Como funciones
puedas
encontrar a una caja de cartón,
así la vida.
La duermes, la quemas,
la comes, la cortas.
Y hay una fecha de vencimiento,
y no hay canecas especiales
de color ladrillo para depositar
humanos reciclables, no.
Nimios somos.
Al nacer tuvimos que ser
puro vértigo, llegar de ningún lado:
hay jueputa.
Lo que te guste de la vida
degústalo.
Masturba a tu dios mujer.
Y con esos dos ojos
ármate un charco, para
baño de domingo.
Acompáñame también
a cultivar mi vino
para beber mi flor,
y te prometo
una de esas famosas canciones
que yo canto
cuando me emborracho
como

un florero.

Simón de La Tierra. 24/01/2014

jueves, 23 de enero de 2014

Gibaro camaleónico...

Lo que miro parece ser
un señor ocupando una espera.
Para esperar se construyen
esquinas, paraderos, salas
de espera y desesperanza.
En ocasiones nos sentamos
en parques viejos y trasnochados
noche a noche con el hampa.
Somos su buena cara.
Ahí esperando nada o robo,
uno se da a mirar.
El señor que parece ser
lo que miro
tiene pantalones de un color
que desde lejos
se funde en la pared
sobre la pared en que este señor
reproduce su espera.
O el color de la pared
se funde en su pantalón.
A su lado un hombre en silla
de ruedas
espera sentado.
Se acerca una mujer,
entre millones de transeúntes,
que el hombre recibe con los ojos,
pero cuando está a su altura
el hombre nada dice
y la mujer nada sabe;
tristes citadinos unidos solo
por mi privilegio de observador
más alto, como a seis pisos diría.
Puedo mirar al hombre
al menos quince minutos
porque nada tengo para hacer
más que atisbar el ocaso de
la espera.
La espera que es dura prueba
para el ansioso vibrante.
En un momento de la espera,
que es inexplicable
desde todo punto de vista,
uno pasa de intranquilo
a desconsolado,
a resignado,
a rabioso,
a peligroso,
a matón,
a cristiano,
a pendejo,
a plantado,
árbol,
triste,
solo,
herido,
desmemoriado.
Luego uno muere
y cada paso
como si nunca camino
ni atajo
ni vereda.
Puro centro.
Finalmente
tengo hambre,
migro del lugar y
qué sorpresa me llevo
cuando me siento a la mesa
en este restaurante de
la ciudad sin mar
ya saben los cocineros que quiero comer
y ya saben las meseras cual me quiero comer
y no me toca esperar ni lo uno ni lo otro.
Qué maravilloso resulta
poetizar
los acontecimientos próximos
con la despreocupación
de cristo.
Y es que cada cual carga su cruz.
Estoy placido, almorzando
en el centro, cuando prenden
la tv.
Nada puede ser mejor, pienso.
Y tranquilo miro el boletín de
último minuto,
efectivamente sabía yo
que ese hombre de pantalones
camaleónicos era delincuente.
Qué le darán de cenar más tarde
en la cárcel?
A qué sabe la comida
sin libertad para cagar?
Después de todo:
criminales es lo que hay por ahí,
niña. Y tráigame un vaso de claro.
Y cuánto le pago?
Y a qué hora sale? Mi amor.
Después del noticiero,
la ciudad misma se da una siesta
y miles de jóvenes
inteligentísimos e inocentes
de todo crimen
acuden en bandada
a comprar drogas ilegales
al reemplazo de jibaro camaleónico.
Este tiene una camiseta de
el atlético nacional, y se funde
contra la gente, y ya lo que miro…
Es a esta gente criminal
ocultando su placer ilegal
en inocentes intentos
de hacerse un lugarcito
para mirar un rato
lo que pase en el mundo
cuando
quede un descansito.
El hombre en la silla
guarda sus ruedas y se va
volando. Otro día

lo conjuro. 

Simón de La Tierra. 23/01/2014

miércoles, 22 de enero de 2014

Dormición encarrilada.

Oh, infernal Metro:
Aquí estoy
evadiendo la inteligencia
policial.
Pero un tiroteo
silencioso
invade el vagón.
Son miradas
de múltiples calibres,
algunas echando humo
aun.
Pero un tiempo
criminal
acuchilla
el horizonte,
desdeñoso de
paisajes
el trabajo
levanta paredes.
Estos rostros como
de entierro.
Esta rigidez
cadavérica.
Esa linea entre
la vida y la muerte,
como el sol sobre
el cuerpo celeste
del día
eterno
agonizante
recién nacido.
Qué quieres de mí?
Yo,
amante de tus ventanas,
de tus usuarias
y tu esqueleto
recostado
en la ciudad.
Soy un sol cuerpo
que se deja llevar
de sur a norte
y de la noche
a la casa.
Por qué pretendes
que yo escriba?
En otra ciudad,
bajo otra muchacha
sea otro el hombre
que te escriba un verso
estacionado,
en movimiento;
lejos de mis ganas de
vomitar mi ebriedad
en mi reflejo
regalado por el vidrio
que soba que soba
la brisa.
A veces,
que se olvida
la senda que era camino
decidimos
bajar apresurado
para
liberar la periferia
de policías ocultos
malignos en altavoces
tristes y
baratos de música.
Para poner
la mano al bus
como la prometida
al suicida.
Y lidiar
con el movimiento
como bailando tal avenida
con tal calle
en tal semáforo.
Llegando al final del bus,
tomamos asiento
y la vista
juiciosa
hacia el frente mira.
Basta ver un espejo
retrovisor
retro vibrar
para retro escavar
poemas dañinos y
pesados
como una deliciosa
hamburguesa
de caballo.
O al mirar al conductor
hermosamente poético
elegir por cosas de dios
(si fuera negro mi compay)
latina estéreo.
Y se monta un muchacha
muy delicada
de esas que cuesta imaginar
en un mismo pensamiento
revuelta con mis olores.
Todo es hermoso en el bus
y yo lo sé.
Ya no vale la pena
ni mirar por la ventana.
Pero de pronto hemos llegado
y efectivamente hace
dos kilómetros
pasamos tu casa.
Entonces me voy para
Ginebra en el valle
y escribo bicicletas
o me voy en
tacos amistosos
pegados de peligrosas
burras.
Y todo es hermoso.
Algún día,
me digo,
cuando el equilibrio
me aniquile
podré encontrar
algo para escribir
diferente
a esta insoportable
belleza
latente en todo
siempre evidente
que no deja que mis poemas
se camuflen
revueltos con la ropa
de esa usuaria que pariste
hoy a las 6 am,
maldito Metro
hijueputa.

Simón de La Tierra.
22/01/2014, por la noche.