Algunas cosas
tuve que hacerlas
muchas veces.
Conocimientos,
ausencias, canciones
pero nunca poemas.
Y siempre la vida tuvo
su guitarra en el instante,
y su pequeño gigante
en los ratos que viví.
Los encuentros no escasearon,
las mujeres no olvidaron,
los amigos no faltaron,
los dolores no cesaron
y nunca faltaba el viaje
ni el vino ni el buen traje.
No cesaron los ultrajes
pero no amargó la miel.
O perder el ánimo,
tras la conquista el llanto
y yo que lloro desde ayer
y la luna ahora
en el cielo
dan es ganas de aguacero
para lavarse la piel -el cartel-,
que somos para los otros,
como tapando
la cara pared,
¿y para qué?
Para que pasen frente a nos
y pillen solo la fecha
el lugar
y el precio
de la boleta.
Y placer de no ir somos
si somos llegada tarde.
(Para nadie). Simón Terrón.
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jueves, 10 de abril de 2014
lunes, 3 de marzo de 2014
Nana:
Estoy ya muy contentarse, he llegado a
lo que siempre han querido matarme,
mi historia dura lo que dura la tierra
y mi pasado es la visión de mi futuro.
Antes de nacer la muerte,
Antes de nacer la muerte,
después de vivir la muerte.
Por los siglos de los siglos ustedes
han tratado de extinguir aquí
el alimento espiritual
que la tierra mana.
Estoy ya muy contentura, he vuelto a
comer hongos, y he
fumado yerbas
y he soñado sueños que no puede soñar
lo sobrio.
Ahora, les escribo flotando,
mi cabeza es como ser pájaro
que ve girar la tierra: molinillo
de mi máquina de escribir.
jueves, 27 de febrero de 2014
Encalabrinandole
Y definimos el día desde nuestro cuerpo:
es verde con gris, puede observar el ojo;
es frío de afuera, es calor íntimo, tocas;
es viernes, es el día de pasear, dices.
La vida parece transcurrir en días, que
tal día estaba yo allá haciendo eso, que
hace días no le visito, que no hay tiempo.
Todo esto funciona para hacer cosas.
Cuando la cosa es uno mismo, no vale
ni tiempo ni clima ni día ni nada de nada.
Es el licor infinito, su borrachera atemporal.
Son las plantas que misteriosamente
son puertas o puntos de partida, y humo somos.
El piso: magnifico punto de observación.
Recibe tú las miradas miserables que ellos repiten.
Entonces no escupas apuntando al otro
porque solo te herirás tu propio rostro.
Espera, un poco, mejor a la sombra
por si tarda más de un cielo:
ya vomitarás, ya se acabará el juego,
pronto podremos bailar sin pies.
Adiós cosas que tenía que hacer.
Creo que soy el deshacerse del universo
presenciado desde mi cuerpo, y soy el fin
de tu lectura, de tu significado y
revivo en el espejo al que llevan tus ojos
bajo tu cerebro, y soy humo, prepárese:
Este es usted por dentro, por favor
tómese el tiempo: …
martes, 25 de febrero de 2014
Potrero sagrado.
Desde mi sueño camine hasta mi origen,
procediendo como las hormigas
cuando llueve.
Parte de mi cuerpo es planta
y es roca y es agua y es fuego.
Parte de mi cerebro es animal,
es cría, es colmillo y ala.
El sentado de cualquier humano
lo puede hacer algún primate.
El vuelo de una idea
lo describe todo pájaro,
tan fuerte es, que si uno piensa
mirando aves
su pensamiento
es brisa, hoja de hierba,
mareo de animal marino.
El espíritu tiene su comida.
La tierra alimenta
todo lo que somos.
A ella nos debemos,
en-terrar-nos.
La vida es maravillosa
y curiosa como
una finca muy vieja.
En ella habitan revueltos
lo alegre y lo triste.
El tiempo y la deshora.
El mundo tiene vida en todo su
cuerpo astral, y uno puede
aun encontrarse solo
y escribir un rezo.
La tierra que no falte en las uñas.
El olor del canto del pájaro
inspirado por el sol
que se quita la cobija nube
y se levanta sobre nuestras cabezas,
puede ser dibujado si uno lo atisba
desde una sombra.
La noche es otro misterio
que cada noche recrea.
La noche es el color de las historias
de amor.
Podemos pensar que el enamorado
está en su noche
y su corazón a veces gigante como una
luna llena;
a veces menguando
y a veces nuevo
inexistente invisible
como si destruido
pero no
sino que solo.
Si pones un mantel verde
a la mesa en la que escribes
te sentirás cuando escribas
como el cielo sobre la tierra,
si lo pones café ponlo un desierto,
si lo pones azul ponlo un océano,
si no lo pones ponle una mujer
y échate sobre ella.
Los hombres de algunos lados
suelen pensar que la mujer es cosa,
yo siento pena por esos hombres.
Los de otras partes suelen creer que
la mujer es animal, hembra, y yo siento
que la mujer es una cosa animalesca
que también
cree cosas sobre la esencia del hombre.
Quiero decir que realmente
aquí en la vida en la tierra
estamos es jugando.
Ahora temprano me quedé mirando una manguita
y con la brega en la cabeza de que:
en verdad me voy a morir, algún momento
no habrá momento ni nada.
Este poema es valioso porque estoy vivo
y escribo un poema,
es mi forma de existir el rato,
y poema el oficio
de cada ser
maravillado.
Las mujeres son el planeta que nos parió.
Y las hormigas son implacables,
conocen las casas mejor que sus habitantes,
cada poro tocado por sus patas.
Somos las hormigas del mundo.
Las plantas me hablan,
estas cosas me dicen,
son las plantas en mí
las que escriben
estos poemas en plena
fermentación.
Ya me siento borracho.
25/02/2014
De la tierra.
25/02/2014
De la tierra.
miércoles, 12 de febrero de 2014
Avezágua
A mis muertos, amores y desaparecidos
les debo poder llorar como niño.
Es la razón la ausencia, la falta, la carencia.
El hombre triste (pero triste de verdad)
que logra reconciliarse con su tristeza,
vivirla, amarla como experiencia humana,
sabrá que en esa tristeza
piensa tan claramente
como el aire.
Desnudarnos es cosa reciente.
Antes llegábamos a los ríos
de una vez desnudos
y sabe la tierra que así fue.
Nana me dice, como tan claramente
que hemos venido a compartir
la soledad, nuestro tesoro que somos.
Todos lloramos, porque somos niños.
Los viejos que queremos nos amenazan
con su presentida ausencia,
su aniquilamiento en el equilibrio.
Hermoso saber que no existíamos,
nacimos y vamos a morir.
Buena lógica tienes vida.
martes, 11 de febrero de 2014
Tripanosomiasis africana
En sueños recorrí la selva
más oscura del mundo,
en ella árboles, pájaros
gigantescos,
gusanos coloridos
y salvajes desnudos
vivían a ojo cerrado,
dormían de pie,
colgando
o sobre bestias temibles
pero cómodas
como una mujer recortando
corazones.
He caído de la cama
sin ti
más no pude abrir los ojos
y podría asegurar que no sale
el sol,
sigue fría mi cabeza.
A tientas fume madera
y alucine unos dos años,
tal parece que aprendí
alguna cosa:
lloraba como una canilla
con su empaque estropeado
a la media noche
de un hombre que viva solo.
Te juro que pensé
que había enloquecido,
y sí.
Una noche de aquella
noche eterna,
una voz aterrizó
en mi delirio,
era un niño
contando chistes
en el idioma universal
de los niños
y de los chistes.
De pronto abrí los ojos
y la enfermera
me llevó al consultorio
donde un odontólogo
canoso y muy joven
reía sin dientes.
Aquella tarde me sacaron
cuatro muelas.
Y tal parece que aprendí
alguna cosa:
ninguna mujer
nos falta tanto
como muela alguna.
Yo era fanático
del amor,
pero me he dedicado
a viajar por el mundo
coleccionando
de las bestias sus
colmillos.
Estos cuchillos dentales
me dan una satisfacción
análoga
a la de cepillarse los dientes.
Sin embargo,
cuando cómodo en
la bestial pereza
me acuesto con la boca sucia
amanezco lleno de tus besos
y no me queda sino
correr a la selva más cercana
a quitarle a ojo cerrado
su sonrisa a la muerte.
11/02/2014Simón Tierra
11/02/2014Simón Tierra
viernes, 24 de enero de 2014
Una de esas famosas canciones...
He soñado con botellas de vino
en las que florecían pétalos
como hojas vírgenes.
Delicioso.
Haciendo vueltas del sueño
al despertar, y
en la vigilia
jugaba parqués con mi existencia.
Todo era para mí en un tiempo,
o leía y pasaba o pasaba y lo leía.
Una vez encontré una página
con nombre y dirección exacta
de un amor.
Y no tuve que buscarla,
cuando acabé el cuento
ella me estaba mirando
leyendo también,
era yo parte
de su libro de ella.
Como funciones
puedas
encontrar a una caja de cartón,
así la vida.
La duermes, la quemas,
la comes, la cortas.
Y hay una fecha de vencimiento,
y no hay canecas especiales
de color ladrillo para depositar
humanos reciclables, no.
Nimios somos.
Al nacer tuvimos que ser
puro vértigo, llegar de ningún lado:
hay jueputa.
Lo que te guste de la vida
degústalo.
Masturba a tu dios mujer.
Y con esos dos ojos
ármate un charco, para
baño de domingo.
Acompáñame también
a cultivar mi vino
para beber mi flor,
y te prometo
una de esas famosas canciones
que yo canto
cuando me emborracho
como
un florero.
Simón de La Tierra. 24/01/2014
Simón de La Tierra. 24/01/2014
jueves, 23 de enero de 2014
Gibaro camaleónico...
Lo que miro parece ser
un señor ocupando una espera.
Para esperar se construyen
esquinas, paraderos, salas
de espera y desesperanza.
En ocasiones nos sentamos
en parques viejos y trasnochados
noche a noche con el hampa.
Somos su buena cara.
Ahí esperando nada o robo,
uno se da a mirar.
El señor que parece ser
lo que miro
tiene pantalones de un color
que desde lejos
se funde en la pared
sobre la pared en que este señor
reproduce su espera.
O el color de la pared
se funde en su pantalón.
A su lado un hombre en silla
de ruedas
espera sentado.
Se acerca una mujer,
entre millones de transeúntes,
que el hombre recibe con los ojos,
pero cuando está a su altura
el hombre nada dice
y la mujer nada sabe;
tristes citadinos unidos solo
por mi privilegio de observador
más alto, como a seis pisos diría.
Puedo mirar al hombre
al menos quince minutos
porque nada tengo para hacer
más que atisbar el ocaso de
la espera.
La espera que es dura prueba
para el ansioso vibrante.
En un momento de la espera,
que es inexplicable
desde todo punto de vista,
uno pasa de intranquilo
a desconsolado,
a resignado,
a rabioso,
a peligroso,
a matón,
a cristiano,
a pendejo,
a plantado,
árbol,
triste,
solo,
herido,
desmemoriado.
Luego uno muere
y cada paso
como si nunca camino
ni atajo
ni vereda.
Puro centro.
Finalmente
tengo hambre,
migro del lugar y
qué sorpresa me llevo
cuando me siento a la mesa
en este restaurante de
la ciudad sin mar
ya saben los cocineros que quiero comer
y ya saben las meseras cual me quiero comer
y no me toca esperar ni lo uno ni lo otro.
Qué maravilloso resulta
poetizar
los acontecimientos próximos
con la despreocupación
de cristo.
Y es que cada cual carga su cruz.
Estoy placido, almorzando
en el centro, cuando prenden
la tv.
Nada puede ser mejor, pienso.
Y tranquilo miro el boletín de
último minuto,
efectivamente sabía yo
que ese hombre de pantalones
camaleónicos era delincuente.
Qué le darán de cenar más tarde
en la cárcel?
A qué sabe la comida
sin libertad para cagar?
Después de todo:
criminales es lo que hay por ahí,
niña. Y tráigame un vaso de claro.
Y cuánto le pago?
Y a qué hora sale? Mi amor.
Después del noticiero,
la ciudad misma se da una siesta
y miles de jóvenes
inteligentísimos e inocentes
de todo crimen
acuden en bandada
a comprar drogas ilegales
al reemplazo de jibaro camaleónico.
Este tiene una camiseta de
el atlético nacional, y se funde
contra la gente, y ya lo que miro…
Es a esta gente criminal
ocultando su placer ilegal
en inocentes intentos
de hacerse un lugarcito
para mirar un rato
lo que pase en el mundo
cuando
quede un descansito.
El hombre en la silla
guarda sus ruedas y se va
volando. Otro día
lo conjuro.
Simón de La Tierra. 23/01/2014
Simón de La Tierra. 23/01/2014
miércoles, 22 de enero de 2014
Dormición encarrilada.
Oh, infernal Metro:
Aquí estoy
evadiendo la inteligencia
policial.
Pero un tiroteo
silencioso
invade el vagón.
Son miradas
de múltiples calibres,
algunas echando humo
aun.
Pero un tiempo
criminal
acuchilla
el horizonte,
desdeñoso de
paisajes
el trabajo
levanta paredes.
Estos rostros como
de entierro.
Esta rigidez
cadavérica.
Esa linea entre
la vida y la muerte,
como el sol sobre
el cuerpo celeste
del día
eterno
agonizante
recién nacido.
Qué quieres de mí?
Yo,
amante de tus ventanas,
de tus usuarias
y tu esqueleto
recostado
en la ciudad.
Soy un sol cuerpo
que se deja llevar
de sur a norte
y de la noche
a la casa.
Por qué pretendes
que yo escriba?
En otra ciudad,
bajo otra muchacha
sea otro el hombre
que te escriba un verso
estacionado,
en movimiento;
lejos de mis ganas de
vomitar mi ebriedad
en mi reflejo
regalado por el vidrio
que soba que soba
la brisa.
A veces,
que se olvida
la senda que era camino
decidimos
bajar apresurado
para
liberar la periferia
de policías ocultos
malignos en altavoces
tristes y
baratos de música.
Para poner
la mano al bus
como la prometida
al suicida.
Y lidiar
con el movimiento
como bailando tal avenida
con tal calle
en tal semáforo.
Llegando al final del bus,
tomamos asiento
y la vista
juiciosa
hacia el frente mira.
Basta ver un espejo
retrovisor
retro vibrar
para retro escavar
poemas dañinos y
pesados
como una deliciosa
hamburguesa
de caballo.
O al mirar al conductor
hermosamente poético
elegir por cosas de dios
(si fuera negro mi compay)
latina estéreo.
Y se monta un muchacha
muy delicada
de esas que cuesta imaginar
en un mismo pensamiento
revuelta con mis olores.
Todo es hermoso en el bus
y yo lo sé.
Ya no vale la pena
ni mirar por la ventana.
Pero de pronto hemos llegado
y efectivamente hace
dos kilómetros
pasamos tu casa.
Entonces me voy para
Ginebra en el valle
y escribo bicicletas
o me voy en
tacos amistosos
pegados de peligrosas
burras.
Y todo es hermoso.
Algún día,
me digo,
cuando el equilibrio
me aniquile
podré encontrar
algo para escribir
diferente
a esta insoportable
belleza
latente en todo
siempre evidente
que no deja que mis poemas
se camuflen
revueltos con la ropa
de esa usuaria que pariste
hoy a las 6 am,
maldito Metro
hijueputa.
Simón de La Tierra.
22/01/2014, por la noche.
Aquí estoy
evadiendo la inteligencia
policial.
Pero un tiroteo
silencioso
invade el vagón.
Son miradas
de múltiples calibres,
algunas echando humo
aun.
Pero un tiempo
criminal
acuchilla
el horizonte,
desdeñoso de
paisajes
el trabajo
levanta paredes.
Estos rostros como
de entierro.
Esta rigidez
cadavérica.
Esa linea entre
la vida y la muerte,
como el sol sobre
el cuerpo celeste
del día
eterno
agonizante
recién nacido.
Qué quieres de mí?
Yo,
amante de tus ventanas,
de tus usuarias
y tu esqueleto
recostado
en la ciudad.
Soy un sol cuerpo
que se deja llevar
de sur a norte
y de la noche
a la casa.
Por qué pretendes
que yo escriba?
En otra ciudad,
bajo otra muchacha
sea otro el hombre
que te escriba un verso
estacionado,
en movimiento;
lejos de mis ganas de
vomitar mi ebriedad
en mi reflejo
regalado por el vidrio
que soba que soba
la brisa.
A veces,
que se olvida
la senda que era camino
decidimos
bajar apresurado
para
liberar la periferia
de policías ocultos
malignos en altavoces
tristes y
baratos de música.
Para poner
la mano al bus
como la prometida
al suicida.
Y lidiar
con el movimiento
como bailando tal avenida
con tal calle
en tal semáforo.
Llegando al final del bus,
tomamos asiento
y la vista
juiciosa
hacia el frente mira.
Basta ver un espejo
retrovisor
retro vibrar
para retro escavar
poemas dañinos y
pesados
como una deliciosa
hamburguesa
de caballo.
O al mirar al conductor
hermosamente poético
elegir por cosas de dios
(si fuera negro mi compay)
latina estéreo.
Y se monta un muchacha
muy delicada
de esas que cuesta imaginar
en un mismo pensamiento
revuelta con mis olores.
Todo es hermoso en el bus
y yo lo sé.
Ya no vale la pena
ni mirar por la ventana.
Pero de pronto hemos llegado
y efectivamente hace
dos kilómetros
pasamos tu casa.
Entonces me voy para
Ginebra en el valle
y escribo bicicletas
o me voy en
tacos amistosos
pegados de peligrosas
burras.
Y todo es hermoso.
Algún día,
me digo,
cuando el equilibrio
me aniquile
podré encontrar
algo para escribir
diferente
a esta insoportable
belleza
latente en todo
siempre evidente
que no deja que mis poemas
se camuflen
revueltos con la ropa
de esa usuaria que pariste
hoy a las 6 am,
maldito Metro
hijueputa.
Simón de La Tierra.
22/01/2014, por la noche.
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