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martes, 10 de febrero de 2015
Lunes
Los martes los "vecinos" son raros, parece que no escuchan y que no saben leer, se dedican a atisbar la mezcla de los recuerdos; una pasa todo el día sentada en un taburete como mascándose el cachete, otra tira la cabeza para atrás cada que mira alguien, o pasa una mariposa y un pedazo de viento bailando al son de los motores, los más jóvenes fuman o van en bicicleta a estar solos en bandada; los pájaros no se quedan quietos ni se quedan callados, los martes uno puede despertarse de sopetón y sin aviso porque una pelea de gallinazos se desate en el tejado; veo que los martes las flores son rojas y se estremecen como una cereza por dentro; cabizbajo hay un viejo mirando a ninguna parte, agoniza y tiembla, y es que los martes morir es curioso, a mi me parece raro, es más bien un día como para barrer las hojas, ya sabes, sacudir las letras, otra cosa es que los martes a mí me parece muy raro montarse a una terraza, amedrentar las visiones de los vecinos, conjurar los nombres al viento, cantar las canciones maduras, nombrar frutas y universos, hablar con el ancestro cansado y contento, escribir dudas y limosnas, leer mentalmente a Henry Miller, ser él pero en Envigado, tenerse a uno de vecino y bajar de la terraza lo que yo veo es que no pasa nada, es un martes, no tiene por qué pasar nada. Los ojos pasan por las letras y el cerebro canta las palabras, el cerebro tiene muchas formas de cantar porque canta con colores y con dolores y con imagen y con parálisis y en todo caso canta el cerebro, los ojos pasan y las letras los soban de manera tan delicada que no muchos lo perciben, esa posibilidad de ser uno en el otro cuando el otro lo lea a uno cualquier miércoles.
Ave del callejón.
Hay un vacío entre la palabra y el silencio, es el universo
que es un solo verso hecho de todas las letras (hasta las no conocidas). A veces la noche es la canción que uno
escuche, luego uno piensa en alguna muchacha, luego uno piensa en algo de niño,
luego uno piensa -man, hazlo bien-. Pero no hay tal bien, ni tal mal, uno
intenta acertar y lo logra. Entrégate, porque la vida te busca y ya te van a
encontrar, la vida es un plural, primero fuimos y luego fui, así no me conformo
sino que me deformo como fruta en licuadora, daré buen jugo me digo, me hecho
la bendición y salto a la paila; usted venga, revuélvame bien parejo a ver si
me emparejo, tráigame un espejo, apure, me vuelvo viejo pero el despojo no es
la pata que le falta al cojo, un cojo en la noche no es nadie, es miti miti
como antaño, cuando no sabía contar mis años y mi nombre apenas decía, qué será
está vida mía que parece ser tan tuya cuando la noche me arrulla y yo
promociono el canto publicitando un encanto que no encuentras, intentas e
intentas, me tientas sin hacer nada, yo veo el amor es güebonada que me viene
acompañada de sorpresa, nervio y gesto. Ya casi no me molesto si te presto y no
devuelves, tú verás en qué te envuelves como hace el sol con el árbol, que en
el envés de las hojas la palabra se despoja, es imagen clara oscura como tu
nombre. No sabré si lees esto, lo escribo como pretexto: el poema es en tu
cuerpo. Creo que no te molesto si te cuento unos dos cuentos que traten de amor
herido, de amor querido y de amor deshecho. A todo saca provecho, te dedico
este poema bella compañera bella, la noche me queda peque, debo habitar más
galaxias y volaré con mis ansias a
tierras desesperadas porque me gusta salir y tratar de compartir lo que como
hembra parí, mi poema no busca gemas, ni el aplauso, ni el recital: me basta
con atisbar tu nariz de fresa joven, tus ojos de puma viejo, tu reflejo sin
espejo y tu pelo a dos colores, eso calma mis dolores y me florece palabras que
son como abracadabras para que no salga el sol, así es rara mi canción como
acamparse dos años, sin contemplar el antaño, sin contemplar el futuro, por la
tierra te lo juro que mucho te extraño Mango, ando cantándome un tango que no quisieras
oír, porque parezco morir soltando una carcajada lo cual devela mi nada y me
daña el rollo, pensá que soy un arroyo que pasea por tu casa, donde lo bello no
falta, donde la sonrisa aguanta tanto llanto que fluyera cuando pienso mi
planeta como una brutal esfera donde la vida se estalla, este planeta es mi
talla, yo lo quiero caminar, cantando lo que esté viendo sosteniendo y
repitiendo que no me puedo quedar, que me voy que todos parten, digamos un
punto aparte, que yo lo prosigo el martes cuando me amanezca un lunes, sea el
tiempo la deshora, déjame decirte que creo, que veo, y que leo que va llegando
la hora de tomar el trago que somos, bien: venimos de los monos, vámonos para
ese árbol del que yo a veces te hablo, tú subes, me descalabro, siéntate en
aquella hojita, seguro saldrás bonita en la foto que conspiro, la vida, amorcito,
es este suspiro que tiro, adiós, ya me retiro, tengo ganas de dormir, cuando
pienso en vos la vida se empecina en repetir que todo es existir, amarte, como
marte ama su soledad, es tanto lo que me das que ni siquiera lo escribo, y por
último percibo que no existe ese recibo: la vida es gratis no hay que pagar,
vinimos a calibrar la rueda de la palabra, espero que no me abras cuando te
vaya a buscar. Sea así, tumbaré la puerta haré de tu sala una huerta, solo
podrás florecer. Final, desaparecer, como la abeja y la miel yo solo puedo ser
fiel a lo que hable contigo, artilugio del destino que aún no sé corromper.
Puedo dibujar si escribo, si escribo conspiro el estalle, no
el poema, no el detalle, quisiera escribir el talle: eres flor y eres mujer.
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