Detonan los tiempos por defecto los horarios,
confundí en
abecedarios que siempre lubriqué en hazañas.
Estoy pensando en la noche de mañana,
el poema que me afana
el sortilegio,
el conjuro, la adivinación,
la lectura del humo la lectura que
sudo;
en la noche de mañana yo pienso resucitar,
habitaré una caverna que se
parezca a tus piernas
que sudaban un olor dulce como de salpicón
y te miré un
segundo en el que se paró el mundo
y en un suspiro profundo fuiste flor y yo fui
abeja,
y la palabra fue canto y el canto se volvió silencio
y el silencio se
volvió mi tiempo por un tiempo
hasta después, hasta la noche de ayer
en donde
yo sería un muerto
pero sospeche tu encuentro
y solo quedó nacer;
que bello el
anochecer
en que me encontré contigo,
la vida nos sonrió en el acto
y todo fue
una caída
entre el -hola- y el tacto.
Que bello el anochecer
en que me encontré contigo.
Insurrecto recorro mi cabeza
y contribuyo a volver confuso
el laberinto que habito,
como grafitiando mis paredes mentales,
murales te tejo
en neuronas
y eres mi tumor más querido,
estoy completamente perplejo,
el
reflejo sin espejo,
el joven que siente viejo,
el amor más básico nacido en
ácidos
momentos tenues como de un blanco y negro
en donde abrazamos negros
y
bailamos noches plenas
con las más negritas nenas.
Amo como me sale, amo como que me queda,
amo como me gusta,
amo como poema.