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martes, 10 de febrero de 2015

Ave del callejón.

Hay un vacío entre la palabra y el silencio, es el universo que es un solo verso hecho de todas las letras (hasta las no conocidas).  A veces la noche es la canción que uno escuche, luego uno piensa en alguna muchacha, luego uno piensa en algo de niño, luego uno piensa -man, hazlo bien-. Pero no hay tal bien, ni tal mal, uno intenta acertar y lo logra. Entrégate, porque la vida te busca y ya te van a encontrar, la vida es un plural, primero fuimos y luego fui, así no me conformo sino que me deformo como fruta en licuadora, daré buen jugo me digo, me hecho la bendición y salto a la paila; usted venga, revuélvame bien parejo a ver si me emparejo, tráigame un espejo, apure, me vuelvo viejo pero el despojo no es la pata que le falta al cojo, un cojo en la noche no es nadie, es miti miti como antaño, cuando no sabía contar mis años y mi nombre apenas decía, qué será está vida mía que parece ser tan tuya cuando la noche me arrulla y yo promociono el canto publicitando un encanto que no encuentras, intentas e intentas, me tientas sin hacer nada, yo veo el amor es güebonada que me viene acompañada de sorpresa, nervio y gesto. Ya casi no me molesto si te presto y no devuelves, tú verás en qué te envuelves como hace el sol con el árbol, que en el envés de las hojas la palabra se despoja, es imagen clara oscura como tu nombre. No sabré si lees esto, lo escribo como pretexto: el poema es en tu cuerpo. Creo que no te molesto si te cuento unos dos cuentos que traten de amor herido, de amor querido y de amor deshecho. A todo saca provecho, te dedico este poema bella compañera bella, la noche me queda peque, debo habitar más galaxias y  volaré con mis ansias a tierras desesperadas porque me gusta salir y tratar de compartir lo que como hembra parí, mi poema no busca gemas, ni el aplauso, ni el recital: me basta con atisbar tu nariz de fresa joven, tus ojos de puma viejo, tu reflejo sin espejo y tu pelo a dos colores, eso calma mis dolores y me florece palabras que son como abracadabras para que no salga el sol, así es rara mi canción como acamparse dos años, sin contemplar el antaño, sin contemplar el futuro, por la tierra te lo juro que mucho te extraño Mango, ando cantándome un tango que no quisieras oír, porque parezco morir soltando una carcajada lo cual devela mi nada y me daña el rollo, pensá que soy un arroyo que pasea por tu casa, donde lo bello no falta, donde la sonrisa aguanta tanto llanto que fluyera cuando pienso mi planeta como una brutal esfera donde la vida se estalla, este planeta es mi talla, yo lo quiero caminar, cantando lo que esté viendo sosteniendo y repitiendo que no me puedo quedar, que me voy que todos parten, digamos un punto aparte, que yo lo prosigo el martes cuando me amanezca un lunes, sea el tiempo la deshora, déjame decirte que creo, que veo, y que leo que va llegando la hora de tomar el trago que somos, bien: venimos de los monos, vámonos para ese árbol del que yo a veces te hablo, tú subes, me descalabro, siéntate en aquella hojita, seguro saldrás bonita en la foto que conspiro, la vida, amorcito, es este suspiro que tiro, adiós, ya me retiro, tengo ganas de dormir, cuando pienso en vos la vida se empecina en repetir que todo es existir, amarte, como marte ama su soledad, es tanto lo que me das que ni siquiera lo escribo, y por último percibo que no existe ese recibo: la vida es gratis no hay que pagar, vinimos a calibrar la rueda de la palabra, espero que no me abras cuando te vaya a buscar. Sea así, tumbaré la puerta haré de tu sala una huerta, solo podrás florecer. Final, desaparecer, como la abeja y la miel yo solo puedo ser fiel a lo que hable contigo, artilugio del destino que aún no sé corromper.

Puedo dibujar si escribo, si escribo conspiro el estalle, no el poema, no el detalle, quisiera escribir el talle: eres flor y eres mujer.

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