Translate

jueves, 23 de enero de 2014

Gibaro camaleónico...

Lo que miro parece ser
un señor ocupando una espera.
Para esperar se construyen
esquinas, paraderos, salas
de espera y desesperanza.
En ocasiones nos sentamos
en parques viejos y trasnochados
noche a noche con el hampa.
Somos su buena cara.
Ahí esperando nada o robo,
uno se da a mirar.
El señor que parece ser
lo que miro
tiene pantalones de un color
que desde lejos
se funde en la pared
sobre la pared en que este señor
reproduce su espera.
O el color de la pared
se funde en su pantalón.
A su lado un hombre en silla
de ruedas
espera sentado.
Se acerca una mujer,
entre millones de transeúntes,
que el hombre recibe con los ojos,
pero cuando está a su altura
el hombre nada dice
y la mujer nada sabe;
tristes citadinos unidos solo
por mi privilegio de observador
más alto, como a seis pisos diría.
Puedo mirar al hombre
al menos quince minutos
porque nada tengo para hacer
más que atisbar el ocaso de
la espera.
La espera que es dura prueba
para el ansioso vibrante.
En un momento de la espera,
que es inexplicable
desde todo punto de vista,
uno pasa de intranquilo
a desconsolado,
a resignado,
a rabioso,
a peligroso,
a matón,
a cristiano,
a pendejo,
a plantado,
árbol,
triste,
solo,
herido,
desmemoriado.
Luego uno muere
y cada paso
como si nunca camino
ni atajo
ni vereda.
Puro centro.
Finalmente
tengo hambre,
migro del lugar y
qué sorpresa me llevo
cuando me siento a la mesa
en este restaurante de
la ciudad sin mar
ya saben los cocineros que quiero comer
y ya saben las meseras cual me quiero comer
y no me toca esperar ni lo uno ni lo otro.
Qué maravilloso resulta
poetizar
los acontecimientos próximos
con la despreocupación
de cristo.
Y es que cada cual carga su cruz.
Estoy placido, almorzando
en el centro, cuando prenden
la tv.
Nada puede ser mejor, pienso.
Y tranquilo miro el boletín de
último minuto,
efectivamente sabía yo
que ese hombre de pantalones
camaleónicos era delincuente.
Qué le darán de cenar más tarde
en la cárcel?
A qué sabe la comida
sin libertad para cagar?
Después de todo:
criminales es lo que hay por ahí,
niña. Y tráigame un vaso de claro.
Y cuánto le pago?
Y a qué hora sale? Mi amor.
Después del noticiero,
la ciudad misma se da una siesta
y miles de jóvenes
inteligentísimos e inocentes
de todo crimen
acuden en bandada
a comprar drogas ilegales
al reemplazo de jibaro camaleónico.
Este tiene una camiseta de
el atlético nacional, y se funde
contra la gente, y ya lo que miro…
Es a esta gente criminal
ocultando su placer ilegal
en inocentes intentos
de hacerse un lugarcito
para mirar un rato
lo que pase en el mundo
cuando
quede un descansito.
El hombre en la silla
guarda sus ruedas y se va
volando. Otro día

lo conjuro. 

Simón de La Tierra. 23/01/2014

1 comentario:

  1. Lo que acontece y se sucede mientras atraviesa el propio sucederse, tus ojos son diferentes, escriben.

    ResponderBorrar