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martes, 11 de febrero de 2014

Tripanosomiasis africana

En sueños recorrí la selva
más oscura del mundo,
en ella árboles, pájaros
gigantescos,
gusanos coloridos
y salvajes desnudos
vivían a ojo cerrado,
dormían de pie,
colgando
o sobre bestias temibles
pero cómodas
como una mujer recortando
corazones.
He caído de la cama
sin ti
más no pude abrir los ojos
y podría asegurar que no sale
el sol,
sigue fría mi cabeza.
A tientas fume madera
y alucine unos dos años,
tal parece que aprendí
alguna cosa:
lloraba como una canilla
con su empaque estropeado
a la media noche
de un hombre que viva solo.
Te juro que pensé
que había enloquecido,
y sí.
Una noche de aquella
noche eterna,
una voz aterrizó
en mi delirio,
era un niño
contando chistes
en el idioma universal
de los niños
y de los chistes.
De pronto abrí los ojos
y la enfermera
me llevó al consultorio
donde un odontólogo
canoso y muy joven
reía sin dientes.
Aquella tarde me sacaron
cuatro muelas.
Y tal parece que aprendí
alguna cosa:
ninguna mujer
nos falta tanto
como muela alguna.
Yo era fanático
del amor,
pero me he dedicado
a viajar por el mundo
coleccionando
de las bestias sus
colmillos.
Estos cuchillos dentales
me dan una satisfacción
análoga
a la de cepillarse los dientes.
Sin embargo,
cuando cómodo en
la bestial pereza
me acuesto con la boca sucia
amanezco lleno de tus besos
y no me queda sino
correr a la selva más cercana
a quitarle a ojo cerrado

su sonrisa a la muerte.

11/02/2014Simón Tierra

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