Recientemente siento que me persiguen pequeños seres
que se alimentan de mis huidas y se divierten con mis rastros.
Son como culpas con patas y desprovistas de decencia
inundan mis circunstancias y consumen mi paciencia.
Este mundo va girando, bailando lunas y soles y solos
somos la confesión gestual, tenemos cara de solitarios.
Hacemos en esos ratos de las nuestras, hay que pecar
de pensamiento, palabra, obra y omisión. Y sin culpas,
y sin culpas y sin grandes culpas concluir
que uno está viendo mal, que no son pequeños seres
que son mujeres, ausencias, lejanías, locuras amadas
ya vividas que no nos quieren dejar,
se empeñan en hacer del recuerdo un reflejo,
pero habría que ser muy pendejo para caer esa trampa.
Uno debe dotarse de estilo, pero tenemos es cara de locos,
son evidentes estas noches en mis ojos durante los días.
Cuando alguien a los ojos me mira se siente liquido
en la comisura del parpado, seremos el nacimiento de
las lagrimas, un mar de llanto en el que uno se ahogue
y por eso cuando leemos juntos nuestros poemas
son estruendosos
y por eso cuando bebemos juntos
somos piratas que naufragan en sus delirios.
Ardemos, somos este recuerdo que seremos.
Nos fumamos, somos humo, humareda, fumarola.
Estamos siendo volcanes, a veces dormidos
o en erupción
pero aun no muertos.
Después de que uno comprueba que los amigos también
se mueren, es más sencillo ser un hijueputa.
Y es más sentida la risa y el momento y la tensión
de los excesos que tanto nos acercan.
Simon... q embriaguez, q noches sabrás vos... remojar la vida. Las mejores parcero
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