El tiempo me contiene, me sorbe, me satura,
y el espacio es
un placer de estirarse y un dolor de contraerse
como una erección del alma,
escribe el sol en el cielo, escribe la luna en la noche salpicada de estrellas,
el universo mío es este párrafo
y de repente es un capricho del corazón
que
anhela los tiempos pasados resucitar en fantásticos presentes,
mi vida es como
una película que atrapa.
La luz es una escritura, el cielo es un lienzo de
vidrio,
la escena del mundo es la sexualidad de los elementos
y yo anhelo soñar
como un dios de agua envuelto en llamas.
Acaban de asaltarme dos estrellas fugaces,
se me llevaron
una lágrima que me habían regalado al pie de un mango.
Yo venía caminando y
hablando con los animales,
robando los frutos al paisaje, probando las frutas
nuevas,
comiendo con la mano y saludando a los árboles.
No me hace falta esa
lágrima que me asaltaron,
puedo ordeñarle motivos al camino, puedo volar pero
rozando la montaña,
puedo volver y caminar otro camino.
No me asaltaron el vino
que me regaló algún tipo.
No me robaron los cantos que aprendí de un peregrino
ni me robaron del corazón los amores que conforman
mi historia de condenado
errante de nuevos cuerpos de encuentros tercos.
No comprendo el ritmo del universo al reírse en nuestras
caras,
se me da más bien atisbar el llorar de cada instante, el padecer del
paso del tiempo,
el estremecimiento de los espacios, el inherente alterarse de
las mentes humanas.
Esta mañana pensé que el sol era una luna,
y me parecía
hermoso el lucero palpitante
mil veces fotocopiado en el horizonte de nuestros
recorridos,
pero resultó que me había dormido con mis lentes oscuros puestos.
Mi cielo es un viejo techo lleno de agujeros finos
por los que el día se cuela y me
perfora los sesos.
Como balazos celestiales.
La palabra es una religión, la poesía es un culto,
la embriaguez
es una comunión, el amor es de locos,
amansados los amantes son compinches del éxtasis.
Amor mío, si tan solo supieras leer.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario