Lo que uno siente cuando anda de noche, es una mezcla de
humos y humores, depende del lugar en que te encuentres, depende de la gente
que te encuentres y depende de si te encontraste a ti mismo antes de ir a
farriar. La noche se recorre sin razones válidas, de maneras hábiles y aguzando
el paso, aguzando los sentidos, yo todo esto lo he vivido de improvise. Ahora
tras una década de gonococo esquizofrénico canto como me gusta y bailo solo
como me gusta pero me gusta cada vez más bailar salsa en la noche alta con una
mujer que no se pueda describir en libro alguno. Es como hablar de unas
gemelas, así con palabras no más, intentar desabigarrar esa mezcla fractálica
de la belleza fotocopiada, eran dos hermanitas así como nos gustan, ambas jóvenes
e irresponsables de manera que no sabía uno
cuál era más mala y en eso se hacían una, y no es que haya que entender esto
pero hacerlo es un regalo, es gratis; es como hablar de una histérica perdida
en el seso, una vez que uno hace el amor en el silencio de la noche familiar
ocurre el milagro: la metamorfosis, el paso del gusano al vuelo y uno entiende
que vino a este mundo a gozar cuanto placer no pueda ser descrito en libro
alguno, placer de escribir un libro a punta de imposibles. Si esto fuera una
película yo sería un asalariado. Mis amores eran obsequios, como una escena
rara más o menos así: unos están por ahí
y hay dos que no se conocen, de pronto se conocen en una mirada milenaria, no
se ve nada y uno ¡mierda! cayó al amor, entonces uno mira seriamente a la otra
y le dice: te regalo esta nada, y ella responde: me quitaste la palabra de la
boca, tenía esa nada en la punta de la lengua; ya luego los colores se mezclan,
el mundo respira, todo se mueve y finalmente muere, es la maravilla, son
obsequios como la vida que es un hacer el amor. Y hacer el amor, algunos lo
escriben como presentando un parcial: 25 por ciento de teoría 234, entrega
final… Y a veces se vuelven profesores, el paso del vuelo al gusano. Algunos lo
escriben (el amor) como llenando el recibo de un banco, cualquier banco,
cualquier fila, el amor para ellos es una vuelta que hay que hacer. Algunos no
lo escriben nunca, se empeñan en su silencio bulloso, a la vuelta de todo
acontecimiento, es como si no existieran, pues el mundo es competencia y ellos
son los que hacen trampa y la trampa todo el mundo la puede hacer pero en el
amor pasa que uno siente que si uno es uno el amor será mejor, y ese ejercicio
vale la pena sudarlo. Algunos escriben con sangre y cuerpo: -he aquí la prueba-
dijo Jattin en otra carne con otra sangre y por otras noches, y sin embargo los
dos somos ya algún mismo eco. Algún mismo eco.
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