PARA UNA EMBRIAGUEZ DE PESADILLA:
Siempre me valí de unos ojos bravos que antecedían la cordialidad,
Siempre me valí de unos ojos bravos que antecedían la cordialidad,
siempre pensé que nadie me leyó la cara de la moneda
ahora veo que
siempre me usaron y yo recite en voz alta sus anhelos,
sinteticé mi desquicio, canté las noches infinitas de poetas y mujercitas.
La vida hijueputa, la vida
es una cosa muy rara, no me canso de escribirlo.
Trato de perpetuar en una
palabra un suspiro,
solo se me ocurre el sonido de un balazo.
Buena forma del adiós.
Yo no puedo dejar de conjugar a todos los que amo,
porque son mis palabras más
queridas.
Canto a solas, canto al sol, canto a las olas, canto a ella.
Recientemente los vecinos comparten su música toda la noche,
uno sueña que es
un borracho que se quedó dormido en una taberna;
la luna decide ser una pestaña
de ella que atraviesa el cielo
a vuelo de nube cabalgando el arcoíris y
surcando el horizonte de mi tarde.
Te veo en la penumbra del cinema, eres una
gota de luz.
Te veo irte y eres una gota de mi llanto,
secreto llanto con que
escribo pestañas celestes
que adornan ojos más tiernos que los míos.
Yo sé que
todos tienen su poemas guardados,
cuando miro a alguien
su aliento me dice
os
poemas que se ha digerido,
yo me paso la vida de poéticas maneras,
todo me
conduce a la locura,
y tú me conduces al llanto.
Alma de carcajada, el colmo de
la vida.
Hablando solo, escribiendo nadas,
atestiguando el inútil desespero
y
la infame tranquilidad,
al mismo tiempo como un náufrago
sobre el mar y bajo el
sol.
Si tan solo me enseñaras a nadar amor mío.
PARA UNA EMBRIAGUEZ DE PESADILLA
Parece infructuoso ser de arena
frente al mar.
Salvación es el abrazo que todo me prodiga,
el cariño que todos
me saben dar,
yo saturado estoy pero de cosas hermosas,
todo lo malo en mi vida
lo he aprendido a conjugar.
Ven aquí,
sacúdeme y pídeme poemas,
porque necesito
tu amor de tierra
como en un blues cansado.
Eres el fotograma más
confuso.
Eres de alguna luz oculta en la semilla,
de la semilla su secreto más
sabroso.
Amor, es este palpitar vertiginoso.
Poetas y mujercitas deambulan mis sueños,
me caminan como si yo fuera una calle,
con ojos cegatos y enfermos
pero más amenos
que mis ojos descordiales.
Ojo por ojo a los poetas,
diente por diente a las mujercitas,
todos mueren al nacer en mi poema
cuando mi voz al recitar los resucita.
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