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martes, 12 de julio de 2016

Confundí en abecedarios que siempre lubriqué en hazañas.

Detonan los tiempos por defecto los horarios, 
confundí en abecedarios que siempre lubriqué en hazañas.

Estoy pensando en la noche de mañana, 
el poema que me afana el sortilegio, 
el conjuro, la adivinación, 
la lectura del humo la lectura que sudo; 

en la noche de mañana yo pienso resucitar, 
habitaré una caverna que se parezca a tus piernas 
que sudaban un olor dulce como de salpicón 
y te miré un segundo en el que se paró el mundo 

y en un suspiro profundo fuiste flor y yo fui abeja, 
y la palabra fue canto y el canto se volvió silencio 
y el silencio se volvió mi tiempo por un tiempo 
hasta después, hasta la noche de ayer 

en donde yo sería un muerto 
pero sospeche tu encuentro 
y solo quedó nacer; 

que bello el anochecer 
en que me encontré contigo, 

la vida nos sonrió en el acto 
y todo fue una caída 
entre el -hola- y el tacto.

Que bello el anochecer 
en que me encontré contigo.

Insurrecto recorro mi cabeza 
y contribuyo a volver confuso 
el laberinto que habito, 

como grafitiando mis paredes mentales, 
murales te tejo en neuronas 
y eres mi tumor más querido, 

estoy completamente perplejo, 
el reflejo sin espejo, 
el joven que siente viejo, 

el amor más básico nacido en ácidos 
momentos tenues como de un blanco y negro 
en donde abrazamos negros 

y bailamos noches plenas 
con las más negritas nenas.


Amo como me sale, amo como que me queda, 
amo como me gusta, amo como poema.

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